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Homilies

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Second Sunday of Advent B 12-10-17

Holidays and home seem to go hand in hand.  Home is a place we know, where we have been nurtured and feel accepted, safe and loved.  From Thanksgiving through the New Year, a lot of us are either preparing to receive guests or to be guests ourselves.  No matter how one travels this time of the year, it will probably be costly and somewhat challenging.  Air fares soar, the price of gas jumps, and interstates are congested.  If only all the roads were straightened, valleys raised, and mountains leveled so the journeys would be easier.

In ancient times, when a dignitary would visit a city, the residents would fix the highways to make the person’s entry smooth. The Prophet Isaiah suggests our journey home requires road work.  So, in our lives, what valleys and potholes need filling in?  What mountainous obstacles to God need leveling?  What rough edges need smoothing?

The scriptures in Advent encourage us to look a little deeper, be a little sharper in our self-examination.  In the gospel, we hear John the Baptist proclaim, “a baptism of repentance for the forgiveness of sins.”  When we hear the “repent” we may think “I’m not a bad person.  I’m here at Church, listening to God’s word, praying, getting ready to receive Christ.  My path is pretty straight. 

The other day I moved some books on the shelf in my office.  You can imagine how much dust had accumulated behind them since I last used them.  That’s a life lesson.  I need to move some things around, make some adjustments and do some dusting.  Each us probably needs to do some dusting and straightening up this Advent.  The sins and faults of good people aren’t always obvious until we take a closer look.  That’s what we do during this season.  Maybe, we’re complacent about things happening around us; or, possibly preoccupied with my own wants; or perhaps overly critical and negative; maybe I lack gratitude.

Advent again calls us home, to the place we yearn to be.  St. Paul says, “Here we do not have a lasting city.  We seek a home that is yet to come.”  We call what we await by many names: the reign of God, Kingdom Come, the new Creation.  We haven’t yet arrived, and Isaiah predicts the journey will not be easy.  There are always ways to be straightened, holes to be filled, and bumps to be leveled.

Segundo domingo de Adviento B 12-10-17

Días festivos y el regreso a casa van de la mano.  El hogar es un lugar que conocemos, donde hemos sido nutridos y nos sentimos aceptados, seguros, y amados.  Desde el Día de Acción de Gracias hasta el Año Nuevo, muchos de nosotros estamos preparándonos para recibir invitados o ser huéspedes nosotros.  No importa cómo se viaja en esta época del año, probablemente será caro y un tanto desafiante.  Las tarifas aéreas se disparan, el precio de gas aumenta, y las carreteras están congestionadas.  Si sólo se enderezan todos los caminos, se elevarán los valles y se bajaran las montañas para que los viajes no fueran tan problemáticos. 

En la antigüedad, cuando un dignatario o gobernante visitaba una ciudad, la gente del pueblo arreglaba los caminos para suavizar la entrada de la persona real.  El profeta Isaías sugiere nuestro viaje a casa espiritual requiere trabajo en la carretera.  Entonces, en nuestras vidas, ¿qué valles y baches necesitan rellenarse?  ¿Qué montañas, obstáculos, para Dios en nuestras vidas, necesitan nivelación?  ¿Qué bordes ásperos necesitan suavizados?

Las escrituras de Adviento nos animan a mirar un poco más profundo, ser un poco más agudo en nuestro autoexamen.  En el evangelio, Juan el Bautista proclama, “un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados”.  Cuando escuchamos la palabra “arrepentimiento”, es posible que no nos conmueva.  Podríamos decir, “No soy una mala persona.  Estoy aquí en la iglesia, orando, escuchando la Palabra de Dios, preparándome para recibir el cuerpo y la sangre de Cristo.  Mi camino es bastante recto.”

El otro día moví algunos libros en mi estante y vi el polvo que se había acumulado detrás de ellos desde la última vez que los toqué.  Esa es una lección para la vida.  Necesito mover algunas cosas, hacer algunos ajustes y quitar un poco de polvo.  Probablemente cada uno de nosotros tenga que quitar el polvo y enderezar este Adviento.  Los pecados y errores de buena gente no son muy obvios hasta que aprovechemos la oportunidad para detenernos a mirar más cerca: por ejemplo, nuestra complacencia ante los males que nos rodean; nuestra preocupación por nosotros mismos; tal vez, crítica o negatividad; quizás, me falta gratitud.

Adviento nos llama a casa, al lugar que anhelamos ser.  San Pablo dice: “Aquí no tenemos una ciudad duradera.  Buscamos un hogar que está por venir.”  El hogar que esperamos en la fe tiene muchos nombres: el Reino de Dios, el Reino Ven, la Nueva Creación.  Todavía no hemos llegado e Isaías predice que el viaje no será fácil.  Siempre hay caminos enderezarse, baches que llenar y golpes para nivelar.            

First Sunday of Advent B 12-03-17

It’s obvious that some people have been preparing for Christmas for several months.  But, what are they looking forward to?  For business, it’s increased sales and more money.  For the average person, maybe it’s the music, the festive spirit.  For some, it may be a semi-religious holiday, in a vague kind of way, remembering the birthday of Christ.  But, for a growing number, there’s no spiritual significance; it’s a civil holiday; it means time off from work, being with family, lots of food and gifts.

While most of society is moving ahead full throttle into Christmas, we pause.  We pause to contemplate how God is with us and how through our lives, we help to bring about the reign of God.  But, waiting is one of the things we do poorly.  We wait in line, at the checkout; we wait for planes and stoplights, for appointments and on other people.  For each of these, we know exactly why we’re waiting.  But, it’s different with Advent.  We’re not expecting the birth of Jesus; He was already born 2,000 years ago.  It’s not a birthday party in His honor.  We’re not anticipating the end of the world like the first Christians.  History has taught us that we don’t know when that will happen. 

What we remember is that God’s promise has been fulfilled; the hope of our salvation has taken human form in Jesus Christ.  And now, we look forward to the appearance of the Reign of God, that comes only little by little with our collaboration.  We yearn for God’s kingdom because we can no longer put up with a world of hate and violence, of malice and lies.  We can no longer endure a world of injustice and oppression.  We can no longer live with money as the standard of power, where so few have so much, and so many barely survive.  We long for a world where our yearning for peace and reconciliation will overcome our natural human tendencies to sinfulness.

Advent asks some very basic questions: do we still trust God’s promises, that He is in charge, that His Kingdom will come, and that He is faithful to us?  The Prophet Isaiah uses the word, “YET,” to encourage us to stay focused and keep our hope alive.  He says that even though we and the world may have lost our sense of direction and wandered from God’s ways, “YET,” the Lord is our Father, the potter; we are the work of His hands.  Jesus is our sign that God has not given up on us.  “YET” reminds us God is still with us and his promises are true.

Primer domingo de Adviento B 12-03-17

Es obvio que algunas personas se han estado preparando para Navidad durante varios meses.  Pero ¿qué están esperando?  Para las empresas, aumentan las ventas y más dinero.  Para la persona promedio, tal vez es la música, el espíritu festivo.  Para algunos, puede ser una fiesta semi-religiosa, de una manera vaga, recordando el cumpleaños de Cristo.  Pero, para un número creciente, no hay un significado espiritual; es un feriado con tiempo libre en el trabajo, con la familia y mucha comida y regalos.

Mientras que la mayoría de la sociedad avanza a toda velocidad, hacemos una pausa.  Hacemos una pausa para contemplar cómo Dios está con nosotros ahora, cómo, a través de nuestras vidas, ayudamos a hacer que el reino de Dios venga.  Pero, hacer pausa y esperar es una de las cosas que hacemos mal.  Esperamos en línea, en el pago y envió; esperamos aviones y semáforos, citas y otras personas.  Para cada uno de estos, sabemos exacta-mente por qué estamos esperando.  Es un poco diferente con el Adviento.  No estamos esperando el nacimiento de Jesús, porque Jesús ya vino hace dos mil años.  Ni esperamos el fin del mundo como los primeros cristianos.  La historia nos ha enseñando que no sabemos cuando esto vendrá. 

Lo que recordamos es que la promesa de Dios se ha cumplido; la esperanza de nuestra salvación ha tomado forma humana en Jesucristo.  Lo que esperamos es la apariencia del Reino de Dios, es esta apariencia viene poco a poco, y solo con nuestra colaboración.  Anhelamos el reino de Dios porque no podemos aguantar más un mundo de violencia y de odio, de malicia y de mentira.  No podemos aguantar más un mundo de injusticia y opresión.  Ya no podemos vivir en un mundo con el dinero como estándar de poder, donde muy pocos tienen mucho y muchos apenas sobreviven.  Anhelamos un mundo donde nuestro anhelo de paz y reconciliación superará nuestras tendencias humanas a pecado.

Adviento hace algunas preguntas muy básicas: ¿confiamos en que Dios está a cargo, que su reinado vendrá y que Él es fiel?  El profeta Isaías usa la palabra, TODAVÍA, para mantenernos enfocados y mantener nuestra esperanza.  Él dice que, aunque nosotros y el mundo hemos perdido el camino, TODAVÍA, el Señor es nuestro padre, el alfarero y nosotros el barro.  Jesús es nuestro signo de que Dios no nos abandonará.  TODAVÍA nos recuerda que está con nosotros y que sus promesas son verdaderas.