Homilies

24th. Sunday in Ordinary Time    9-15-19 C St. Mary

There was a report of a young man in a Texas jail. He was convicted and of murder.  A news reporter was interviewed his mother, who proclaimed his innocence. She said it was impossible; he’d never do such a thing. Finally, she began to talk about what she might have done to cause this.  In the end, she preferred to take responsibility than to believe her son was guilty.

This isn’t a logical reaction.  But this story shows how much she loves her son.  A mother’s pain in such a situation is so great that she’ll look for any excuse for the son or daughter she loves.  We know this isn’t a question of reason; it’s an emotional response; it’s a question of the love of a mother for her son.  There’s no rational explanation. More than that, it’s a matter of sentiment and maternal bond.

This is the type of love that we hear of in today’s scriptures: beyond logic.  When Jesus describes God, He doesn’t use a definition or abstract theolo-gical language.  Rather, Jesus uses word pictures, stories, or parables that even a child could understand.  

Today we read two parables that speak clearly about the love and mercy of God.  In the first, the shepherd leaves 99 sheep to seek out one that has strayed away.  In the second, the woman can’t rest until she finds her lost coin; she sweeps every corner of the house.  In both stories, there’s one small word you might have missed, but is very significant. The word is “until.”  Both the shepherd and the woman search “until” they find what is lost.  No sensible shepherd would be so foolish as to leave 99 in the desert to search for one.  It’s not logical. And, if one of us lost a quarter or a dollar, how much energy would we exert? How long would we look?

But this isn’t the picture Jesus paints for us.  He doesn’t describe some quick look around the local area for the lost sheep.  The woman didn’t simply look on the floor or under the table. We’re not talking about human logic and practical effort.  Neither is a reasonable pursuit. We’re talking about a search that doesn’t end “until” what is lost is found.  These parables are painting a picture for us of a God who refuses to give up on us.  This probably seems foolish, illogical, too generous.  

The parables paint a picture for us of God who is so worried about us that He doesn’t work according to logic.  We’re more valuable than a sheep that has wandered away or a lost coin. God’s love for us is greater than a mother’s love for her child.  God searches for us “until.”      

 

 

Vigésimo cuarto domingo del año   9-15-19 C St. Mary

Hubo un informe de un joven en Texas encarcelado y encontrado culpable de asesinato.  Un periodista entrevistó a su madre, quien proclamó su inocencia. Ella dijo que era imposible; él era un buen chico; él nunca haría tal cosa.  Eventualmente, empezó a preguntarse acerca de lo que ella había hecho mal para causar este problema. Al final de cuenta, para ella fue preferible pensar que ella tuvo la responsabilidad que aceptar que su joven fue culpable.

No es una reacción razonable.  Pero el amor y dolor de la madre es tan grande que busca una excusa para el hijo querido.  Entendemos que no es cuestión de razón. Es una respuesta emocional. La madre no puede ser feliz mientras que esté sufriendo el hijo querido.  No podemos explicar la relación entre una madre y su hijo por lógico. Es más bien una cuestión de senti-mientos y lazos maternales.

Es este tipo de amor que encontramos en las escrituras hoy: más allá de la lógica.  Cuando Jesús describe a Dios, no usa una definición o un lenguaje teológico abstracto.  Más bien, Cristo usa imagines de palabras, historias, o parábolas que incluso un niño puede entender. 

En el Evangelio, leemos dos parábolas que hablan claramente del amor y la misericordia de Dios.  En la primera, el pastor deja las noventa y nueve ovejas para buscar la perdida. En la segunda, la mujer no queda tranquila hasta que encuentre la moneda perdida.  Ella barre toda de la casa. En ambas parábolas hay una pequeña palabra que podría haberse perdido, pero está muy significativa. La palabra es “hasta”.  Tanto el pastor como la mujer buscan “hasta” que se encuentra lo que se perdió.  Ningún pastor prudente haría una tontería dejar las noventa y nueve en el desierto para ir a buscar una.  No es lógico. Y, si uno de nosotros perdiera una moneda de veinticinco centavos o un dólar, ¿Cuánta energía ejerceríamos?  ¿Cuánto tiempo lo buscaríamos?  

Pero esa no es la imagen que Cristo está pintando para nosotros.  Jesús no describe una simple mirada alrededor del área del desierto para ver si la oveja perdida es visible.  No hay una búsqueda general en la casa para ver si la moneda está cerca, en el piso o debajo de la mesa. No hablamos de la lógica humana y prácticos ordinarios; estamos hablando de una búsqueda que no termina “hasta” que se encuentre el objeto perdido.  La parábola es pintar una imagen de un Dios que se niega a renunciar a nosotros.  Los caminos de Dios pueden parecernos tontos, ilógicos, demasiado generosos.

Las parábolas nos pintan una imagen de un Dios que es tan ansioso por nosotros que no opera según lo lógico.  Somos más valiosos que una oveja que se ha alejado o una moneda perdida. El amor de Dios por nosotros es mayor que una madre por su hijo.  Dios nos busca “hasta.”