Homilies

12 th Sunday in Ordinary Time A St. Mary 6-21-20

Yesterday was the first day of summer. We usually associate this time of
year with beaches, lakes, swimming pools, and a more carefree time. We
think of family vacations and taking a break from work and school. The
season brings with it ripening crops, working in the yard, and a more
relaxed pace. But life now is nothing like normal. kids have been out of
school for months; many people are still working from home; businesses
have closed and those that are reopening are doing so in a new, restricted
kind of way. Corona is still with us, though tucked away among new
headlines. Add to this the police shootings and images of violence and
protest for equality. This isn’t the summer we imagined back in January.
Considering all this, how do we maintain hope and remain steadfast in
faith? The Prophet Jeremiah in the first reading is one example for us. He’s
like some of the protesters in recent days, calling for justice, integrity, and
equality. There were many plots to silence him. He suffered because the
political and religious leaders of his day didn’t want to hear his message.
But Jeremiah was confident that God’s truth would win in the end.
In the Gospel, Jesus exhorts his disciples to remain dedicated in their
conviction of the truth. He tells them that they too would face persecution
from the powerful. Despite this, He says, “Do not let people intimidate you
…what I say to you in darkness, speak in the light. What you hear in
private, proclaim it from the rooftops.” In other words, following Jesus
requires a faithful posture in truth despite opposition. Then, he reminds the
disciples (and us) of our value. He says, if God cares for the birds of air, how
much more will he care for us.
So, how do we face all the upheaval of the present, the many cases of
violence, the lies and manipulation in our world? First, we must remain
grounded in prayer as our source of strength. And, in our actions and
conversations, we must promote the gospel values of dignity of life and
justice. We must reject what is contrary to Christ: hatred, violence, and
division. We must avoid what causes suffering to the most vulnerable
among us.
If we want to be part of the solution to what plagues us, we must pray to be
a constant source of divine grace.

 

12 th Domingo en Tiempo Ordinario A Santa María 6-21-20


Ayer fue el primer día del verano. Normalmente asociamos esta época del
año con playas, lagos, piscinas, y un tiempo de relajación. Pensamos en
vacaciones familiares y tomar un descanso del trabajo y la escuela. La
temporada trae consigo madurando cultivos, trabajando en el patio, y un
ritmo más relajado. Pero la vida ahora no es nada como lo normal. Los
niños y jóvenes han estado fuera de la escuela durante meses; muchas
personas todavía están trabajando desde casa; las empresas han cerrado y
las que están reabriendo lo están haciendo de una manera nueva y
restringida. El Coronavirus sigue con nosotros, aunque escondida entre
nuevas historias de titulares. A esto hay que añadir los tiroteos policiales y
las imágenes de violencia y protestar por la igualdad. No es el verano que
imaginamos en enero.
Teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo mantenemos la esperanza y permane-
cemos firmes en la fe? El profeta Jeremías de la primera lectura es un
ejemplo para nosotros. Es como algunos de los protestadores en los últimos
días, pidiendo justicia, integridad e igualdad. Jeremías había muchas
tramas para silenciarlo. Sufrió porque los líderes políticos y religiosos de su
época no querían escuchar su mensaje. Pero Jeremías estaba seguro de que
la verdad de Dios ganaría al final.
En el Evangelio, Jesús exhorta a sus discípulos a permanecer dedicados en
su convicción de la verdad. Les dice que ellos también se enfrentarían a la
persecución de los poderosos. A pesar de esto, dice, "No dejes que la gente
te intimide...lo que te digo en la oscuridad, habla en la luz. Lo que se oye en
privado, proclamarlo desde los tejados.” En otras palabras, seguir a Jesús
requiere una postura fiel en la verdad a pesar de la oposición. Entonces, les
recuerda a los discípulos (y a nosotros) nuestro valor. Jesús dice que, si
Dios se preocupa por los pájaros del aire, ¿cuánto más se preocupará por
nosotros?
Entonces, ¿cómo enfrentamos toda la agitación del presente, los muchos
casos de violencia, las mentiras y la manipulación en nuestro mundo? En
primer lugar, debemos permanecer fundamentados en la oración como
nuestra fuente de fortaleza. Y, en nuestras acciones y conversaciones,
debemos promover los valores del Evangelio de dignidad de vida y justicia.
Debemos rechazar lo que es contrario a Cristo: odio, violencia y división.
Debemos evitar lo que causa sufrimiento a los más vulnerables entre

nosotros. Si queremos ser parte de la solución a lo que nos atormenta,
debemos orar para ser una fuente constante de gracia divina.

 

 

Feast of Holy Trinity 6-7-20 A St. Mary

Once there was a little boy who wanted to meet God. He knew it was a long
trip to where God lived. So, he loaded his backpack with Twinkies and a six-
pack of root beer and started out. After he’d gone about four blocks, he met
an old woman sitting in the park just staring at the pigeons. He sat down
next to her and opened his bag. He was about to take a drink of his root
beer when he noticed the woman looked thirsty, so he offered her one too.
She gratefully took it and smiled. Her smile was so inspiring that he offered
her a Twinkie. Again, she took it and smiled at him. They sat there all
afternoon, eating twinkies and drinking root beer, smiling, without saying a
word.
As it grew dark, the boy got up to leave. But, before he’d gone a few steps,
he turned, ran back, and gave the old woman a big hug. She gave him a
giant smile. When he arrived home, his mother was surprised by the look of
joy on his face. So, she asked, “What did you do today that made you so
happy?” He said, “I had Twinkies and root beer with God, and she’s got the
most beautiful smile I’ve ever seen.”
Several people have mentioned how much they’ve missed having Mass and
receiving the Eucharist over these past three months. I thought about that.
What is it that so many have been yearning for? It’s that intimate relation-
ship between the Lord and me, and in fact, God and all of us. When we
receive communion, our hearts, souls, and lives are intermingled with His
life. He becomes part and parcel of us and we one with Him, sharing His
divinity, at peace filled with His presence. It’s that union where words are
unnecessary, where we are at rest as one. He smiling at us, we smiling back
at God. And, this communion binds all of us one with another.
In the Holy Trinity, we see this individuality that exists in one communion of
Father, Son and Holy Spirit, and creates spiritual union wherever it is
present. Its expression is experienced in the presence of love.
We have seen and experienced the frustration and rage of so many across
our country this week. They yearn for respect, dignity, justice, and equality.
They seek compassion and others to understand their legacy of hurts and
sufferings. Our country aches for healing and wholeness.
The Lord offers us the possibility to create here in this world a communion
of brothers and sisters where exists compassion and mercy, justice and
mutual respect. If today each of us would only take a step forward to live

with patience, peace, and harmony, we’d be able to see the God of love
smiling at us.

 

Fiesta de la Santísima Trinidad 6-7-20 A Santa María
Una vez hubo un niño que quería encontrarse con Dios. Sabía que era un
largo viaje a donde Dios vivía. Así que empacó su mochila con Twinkies y un
paquete de seis “root beers” y comenzó. Cuando se fue a unas cuatro
cuadras, se encontró con una anciana sentada en el parque mirando a las
palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su mochila. Estaba a punto de
tomar un trago de su “root beer” cuando se dio cuenta de que la mujer
parecía sedienta, así que también le ofreció una. Ella agradecida lo tomó y
sonrió. Su sonrisa fue tan inspiradora que le ofreció un Twinkie. Una vez
más, ella lo tomó y le sonrió. Se sentaron allí toda la tarde, comiendo
twinkies y bebiendo “root beer” sin decir una palabra.
Cuando oscureció, el niño se levantó para irse. Pero, antes de haber dado
unos pasos, se volvió, corrió hacia atrás, y le dio un gran abrazo a la
anciana. Ella le dio una sonrisa gigante. Cuando el niño llegó a casa, su
madre estaba sorprendida por la mirada de alegría en su rostro. Entonces,
ella preguntó: "¿Qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?" El dijo: "Almorcé
Twinkies y “root beer” con Dios, y ella tiene la sonrisa más hermosa que he
visto. "
Mucha gente ha mencionado lo mucho que han perdido tener misa y recibir
la Eucaristía en estos últimos tres meses. Pensé en eso. ¿Qué es lo que
tantos han estado anhelando? Es esa relación íntima: entre el Señor y yo, y
de hecho, Dios y todos nosotros. Cuando recibimos la comunión, nuestros
corazones, almas, y vidas se entremezclan con Su vida. Se convierte en
parte integral de nosotros y nosotros uno con El, compartiendo Su divini-
dad, en paz lleno de Su presencia. Es esa unión donde las palabras son
innecesarias, donde estamos en reposo como uno solo. Nos sonríe, le
estamos sonriendo a Dios. Y, esta comunión nos une a todos con el otro.
En la Santísima Trinidad, vemos que es la individualidad que existe en una
comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y crea la unión espiritual
dondequiera que esté presente. Su expresión se experimenta en presencia
del amor.
Hemos visto y experimentado la frustración y la rabia de tantos en todo
nuestro país esta semana. Anhelan respeto, dignidad, justicia e igualdad.
Buscan compasión y otros para entender su legado de heridas y sufri-
mientos. Nuestro país duele por la curación y la integridad.

El Señor nos ofrece la posibilidad de crear aquí en este mundo una comunión
de hermanos y hermanas donde exista compasión y misericordia, justicia y
respeto mutuo. Si hoy cada uno de nosotros sólo diera un paso adelante
para vivir con paciencia, paz, y armonía, seríamos capaces de ver al Dios del
amor sonriéndonos.